
10 POEMAS
del poemario «El sastre de las mariposas», cuya primera edición fue publicada en 2023 por la Editorial Poetas de la Era.

Sastreano
Voy a coser el viento
a los tobillos de una mujer
la locura
a la profundidad de su nombre
voy a colgar el mar
al suspiro de un pez
que huye de la suerte
voy a despegar el cielo
para vestirme con él
cuando devore la calma
de una mariposa
sepultada en mi pestaña.
Bestias
Arranca del asfalto las tardes y los gatos
que yo arrebataré los arrozales de China
para tenderlos en las cuerdas de un eclipse;
mudemos los domingos a los martes
hagamos los colibríes volar a nuestro pecho
cuando aparezca el invierno en nuestra alcoba;
enjaulemos en nuestros pulmones las quimeras
imitemos a Samsa y seamos bestias en el piso
para que mañana, cuando se desgarren los relojes
lo absurdo no seas tú, ni yo
sino el mundo y sus retratos.


Algo para nosotros
Algo debimos aprender después
de habernos roto así,
algo
debió quedarnos entre los dedos
debajo de la cama
servido en el café
colgado a las palabras
que alguno de los dos
tendrá que decir.
Algo habrán de mostrarnos
las horas en la calle
evitando llegar a la casa que
aparece en todas partes.
Algo hemos de hallar
en el frío de tus manos
en el desierto de las mías
en la hoguera callada
encendida en nuestro nombre.
Algo seremos después
de habernos roto así,
algo distinto al olvido del otro
a esta muerte que ninguno
logró evitar.
Ahora que viaja
Te veo descolgar las montañas
de un café con el que vistes el río;
organizas el mundo para despedirte
y guardas las ciudades en tu maleta;
te vas al sur del invierno
con tus pedazos a una puerta
para reparar el verano;
te veo empacarlo todo en los relojes:
la luna en la tarde, la habitación en los ojos
la evidencia de que en estas paredes hubo una historia
y la certeza de lo poco al otro lado del fin;
tomas el sendero de mi mejilla en la arena
y aun cuando abres el horizonte, aun cuando lo cruzas
veo cómo te alejas con todas mis geografías en tu espalda
con todos tus caminos en mi espejo.


Ámbar
Si digo «Ámbar»
parecerá que invoco o dibujo
tu nombre;
pero si con él desdoblas las cavidades
las sílabas
los relojes
y lo haces orbitar en tus manos
lo llevas así para observarlo debajo del silencio
encima de tu cama
descubrirás el Aleph que trajiste contigo
el día que tus ojos deshojaron el otoño.
Leandra I:
Mi lápiz
Puedo regalarte el mundo con mi lápiz
otorgarte las coordenadas del infinito
hacer del espacio exterior una paleta
de colores blancos
y del mar
una breve limonada.
Mi lápiz puede atrapar los gatos que quieras
bosquejarte una acuarela con sus bigotes
tejerle a la noche las rupturas de su pecho
y encontrarte a dónde vayas
con la luz de una luciérnaga.
Este lápiz puede convertirme en aire
si tú decides ser ave
llevarme donde estés
si alguna vez te alejas
inventar todo de nuevo
si alguna vez me olvidas.


Ayeriana
Recuerdo un gusano comerse la aurora
en el fondo del café
de una taza en la que logró
encontrarme
recuerdo una ciguapa
enjuagar el bosque en su pelo
y una historia creciéndole en las uñas
recuerdo al horizonte perseguir a la pantera
llevarse en la mandíbula
la cordura de Dios.
Niñez
mi memoria es un niño congelado;
ha cambiado el oleaje y el color de la arena,
se ha transformado esta vía láctea
de calles, aceras y lámparas enfermas,
han madurado los edificios y los supermercados,
se han apagado las construcciones olvidadas,
los televisores ya no hablan de las caricaturas en mis
ojos
y mi cuerpo tiene el tamaño de los recuerdos,
mis amigos se han marchado a la vida,
lejos de nuestra patria,
a ese holocausto de sueños
y las voces del vecindario han muerto en otra parte;
yo todavía juego a ser adulto
en esta bastedad de realidades y frustraciones
que nunca pedí alcanzar.


ÉXODO
Encontré un trozo del día
y el tiempo encontró un pedazo de mí
en esta jaula de azares perdidos.
Porque el hombre se anula
cuando la luz se divorcia del horizonte
porque el hombre es cáscara
cuando la premisa es sobrevivir.
El vértigo de los relojes
es el desperdicio de los huesos
¿cuántos besos mueren
antes de la hora inadvertida?
Y allá se arrastra el hombre
a donde nada le aguarda
porque todo lo que le queda
es el espejo de sus piernas rotas,
la inmensidad de sus manos vacías.
HIJOS DEL CAÑAVERAL
Estos hijos del cañaveral
con el sudor en los huecos del bolsillo
y la utopía estancada en los ojos,
con el dolor incrustado a la cama
y la mañana arrimada al machete,
con la amargura del toro en los nombres de la tierra
y el olvido silenciado por el olor de la máquina,
con el tiempo acabado en días iguales
y la cura a la pena en el regazo de la muerte;
eso somos los hijos del cañaveral
vástagos del azúcar, propietarios del horizonte:
seres enfermos de espera.
